
A pesar de que reconozco que está buenísimo y que prefiero su sabor a otros, no tengo problemas en beber otras marcas y considero exagerados y casi sectarios a todos los que aseguran que "si no es Cacaolat prefiero beber otra cosa". ¡Ah! y por supuesto, nada de modificaciones en la fórmula, para ellos, el Cacaolat light es una aberración.
No es la única marca que goza de semejante privilegio. Curiosamente, Chocoleck, otro batido de cacao, también tiene una legión de admiradores que no admiten la comparación de su bebida chocolateada con ninguna otra. Y no hace falta decir que sucede algo similar entre los defensores de Nocilla y Nutella, aunque lo considero un caso mucho menos radical, pues éstos suelen tolerar ambos sabores a pesar de tener preferencia por uno.
Otro ejemplo es Coca-cola, que tiene también seguidores absolutamente fieles, algunos incluso divididos según la modalidad del envase. Hay quien sólo bebe Coca-cola de lata, o de botella de cristal e incluso sólo de botella de cristal de 20cl. (el envase de 33cl no pasa el control de determinados fans de la bebida). También existe una clasificación por procedencia: las latas que venden en Schleker son alemanas y su sabor resulta no ser el mismo para los gourmets que aseguran que sólo la envasada por Cobega en España tiene la auténtica "chispa de la vida" y que cuando han viajado a los Estados Unidos han vuelto decepcionados porque la coca-cola de allí, la "original", no sabe igual.

¿La verdad? Pienso que muchos de los que tanto defienden sus marcas favoritas también fallarían el reto. Y que conste que me parece positivo que cada uno tenga sus preferencias, pero no a costa de desprestigiar a quienes no piensan como ellos (próxima entrada... "Fidelidad absoluta II: los sectarios de Apple").