
Lo de la afición del Barça es más que curioso. Resulta que su equipo rival de toda la vida ficha a uno de los mejores entrenadores del mundo pero a nadie le importa. Es más, hasta parece que los culés estén satisfechos con la llegada de Mourinho al Madrid, que les haga gracia que algunos denominen la operación "plan anti-Guardiola".
De hecho es comprensible, durante la temporada pasada si el Barça tuvo dos grandes escollos para conseguir sus objetivos estos fueron el Real Madrid en la Liga y el Inter de Mourinho en la Champions. Parece que en la próxima temporada sólo habrá una piedra en el camino, un rival en el que concentrar todos sus esfuerzos: el Madrid de Mourinho.
Mou es uno de estos personajes construidos a base de hacerse desagradable a todo el mundo. Arrogante, maleducado y, sobre todo, chulo. Al fin y al cabo la chulería es una característica que en Madrid se considera cualidad, así que posiblemente el portugués encaje a la perfección y encuentre allí miles de adeptos, no sólo a su estilo de fútbol (aburrido, pero resultón al fin y al cabo) si no a su carácter agrio. Tampoco resulta nada original ni del otro mundo. En las tertulias televisivas y reality show de los últimos años hay otros que han forjado su imagen en esta línea: ¿o no es Aída Nízar la versión “granhermanera” del flamante nuevo entrenador blanco? Gente que saca crédito a su antipatía consiguiendo gracias a ella una gran repercusión mediática. Ya se sabe, ¡todo vale!
Jose Mari dos Santos Félix Mourinho (tiene más nombres que si fuera infante de España) es realmente un anti-guardiola, pero no porque vaya a ser la roca contra la que se estrelle el entrenador blaugrana, si no porque es su contrario, la cara opuesta de la moneda, el yan del yin... Mou ha sido, y posiblemente será también en el Madrid, la imagen del equipo que entrena, su líder, un protagonista que quiere llevarse los méritos de todo aquello que se consiga ganar. Ya ha demostrado que poco le importa el club en el que milite, porque él piensa por y para si mismo. Guardiola en cambio, ha intentado pasar lo más desapercibido posible desde que llegó al Barça siendo todavía un niño. Como entrenador ha otorgado todo el mérito de las victorias a sus hombres y ha tenido la elegancia de mantenerse siempre en un segundo plano a pesar que realmente cada copa que ha otorgado al Barcelona la ha sentido como propia, pero no por ser su entrenador, si no por ser un barcelonista más, alguien que siente su sangre blaugrana.
Con la llegada de Mourinho y la partida de Pellegrini, un hombre que al final supo ganarse a su afición e incluso a las rivales, el Madrid completa un proyecto que es totalmente opuesto al del FCB. Un proyecto basado en comprar lo mejor, al precio que sea y juntarlo para demostrar que el dinero lo puede todo. La fórmula “wonderful barça” como se la ha llamado en determinada prensa extranjera, funciona a base de crear una cantera fuerte y consolidada con jugadores que se conozcan bien, que sepan cual es el juego de cada uno, que estén habituados a formar equipo, y se completa con algunos fichajes que cubran de manera brillante los huecos que puedan quedar. No se busca la excelencia individual, si no la colectiva. Como objetivo en un deporte de equipo, parece perfecto.
Son dos sistemas completamente distintos, como distinto va a ser el fútbol que desplieguen. Aunque como ya se ha demostrado en esta temporada 2009-2010 a veces los campeonatos merecerían tener dos ganadores. Porque no hay una sola fórmula para el éxito.
Y quizá por ello los seguidores culés están contentos con la llegada de Mou. Están ansiosos de saber si van a vencer contra el poderoso plan de Florentino (que sí, fracasó en el pasado, y volvió a hundirse en esta última temporada, pero ahora parece estar completo). Como si de un juego de ordenador se tratara, el Barça siente que va a batirse con el monstruo final y, orgulloso de las condiciones que le han llevado a llegar hasta aquí, está dispuesto a empezar la batalla.